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Cada día hago menos y soy más

OÍDO

Pastora

Y me harté de verte después de mucho escucharte.

En la radio sonaba tu Lola como brisa de aire fresco en el panorama comercial. Bajé tus restos husmeando en Internet y en las Navidades del 2004 me los regalé.

En febrero del 2005 seguí tus huellas hasta el Faktoria de Terrassa y allí, en un ambiente fumeta y relajado de una treintena de personas, te descubrí. Recuerdo cómo, a un par de metros de mis narices, escenificabas tus letras y me las cantabas, por qué no, a mí.

Desde entonces, me has acompañado en coche hasta el trabajo con el aperitivo de las doce, he limpiado la casa como una auténtica mirona, me he duchado con tu mentira, y me reconcilio conmigo cuando no se puede más.

 

Espero que te dejes ver pronto para escucharte lo nuevo y sentirlo como eterno.

 

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Woody Allen

Te descubrí no a muy a temprana edad, influida por los calificativos que me llegaban de ti y de tu obra. Excéntrico y monotemático, los más comunes, me tuvieron apartada por tiempo. Alguno que otro incluso etiquetaba a la persona que admiraba tus trabajos de igual forma que a ti, solo por seguirte. Entonces, como suele pasarme, quise usar mi criterio para descubrirte, no por incrédula, si no por saber que hay tantas reacciones a los medicamentos como personas que los toman.

Y te fui a ver a la gran pantalla, fue en Misterioso asesinato en Mahattan y aparentemente aquella vez me dormí, porque permanecí gran parte de la película agachada. Pero por aquel entonces, estaba descubriendo otra de las pasiones de la vida de la que también se ha escrito mucho.

Ya en casa y sin ruido de palomitas, me desprendí de la saca de tipicidades, incluso aquella que dice “o te gusta o no te gusta, no hay término medio” y me planté delante de gran filmografía tuya y me la ví casi de un tirón, confundiendo títulos, argumentos cuando acabó mi empacho de ti, pero sin reflujos, quedándome con el mejor de los sabores: genialidad.

Ahora me es imposible ser objetiva, siento debilidad por ti, pero no creo que sea argumento suficiente para rebatirme, porque esta admiración se ha ido fraguando por los buenos momentos que hemos pasado juntos los dos, tú haciendo lo que no puedes hacer mejor y yo disfrutando con ello.

Dedicado a todos los amantes del úni€co e inequiparable Woody Allen. Y dedicado a mi Woody Allen particular, sin parangón, Sergio Castro.




















Sorprendentes duetos

Millones de libros con 27 letras.

La vastedad del mundo entero en 118 elementos.

Miles de fórmulas, 10 números.

Internet y un solo bit.

Infinitas probabilidades para un único acertante.

Eternas melodías, 7 notas, 2 artistas:

Moby-Amaral y 1 canción.

Multitud de gracias por este regalo.

Y otras cuantas más a todo lo anterior,

por traérmelo hasta aquí,

para, en este instante, escucharlo sola,

y tal vez con alguien más, mañana

o por siempre.




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Jorge Drexler

Me tiemblan las letras, éstas que se atreven a viajar hasta tu ordenador y las que se quedarán por escribir, que por vergonzosas no veré salir. Conocí la luz de tu discografía en algo más de 12 segundos gracias a la piratería. Acudí con sed de ti al Principal de  Zaragoza y  al Palau en Barcelona. Finalmente pagué el precio de tu arte cuando ya era incalculable y ahora dejo que lo copien los que están aún por venir. Enviarte mi más ferviente muestra de afecto. Un beso en tus esculpidoras manos que moldean melodías impacientes por nacer y gratitud inmensa por tu sabia manera de hacer que vea a través de tu boca. Me sumo al colectivo que se consuela,  siente, crece, se alegra, se enamora, se sorprende, vive, con tu música, imposible ya de lograr sin tu existencia.



Drexler en Zaragoza

 

 

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