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Cada día hago menos y soy más

Mi cerebro

No hay especialista que me gradúe la poca vista que tengo para engañarte.  Cuando acierto del  pie que cojeas entonces echo a correr sin muleta alguna, y de la presura tropiezo y la faena luego es mía, para convencerte de que no fue nada. Es un impulso prestado pues me lo acabas quitando. Mirando el poso del café espero paciente sentada poder hablarte sin aturullo pero acabo ensimismadamente sola, pensando contigo por ti. Y cuando me acuesto sin ganas te apetece que te escuche. Entonces me haces encender la luz, o dejar la lectura, incorporarme en la cama o esconderme en ella. Levantarme suspirando por el desaliento brindado, y no me dejas tranquila hasta verme llorar. Me haces repasar fotografías del recuerdo reveladas a tu antojo. Permanezco desvelada así hasta que me dejas ir a retomar el sueño que aún no encaucé, sabiendo que por lo pronto, ya no será como lo imaginé.

Miles de tesis sobre tus virtudes, y me compadezco del que te confíe las suyas. La medida del estrés que proporcionas, desmesurada de nada me sirve; la lucidez sin acierto, es un martirio sin nombre;  un engaño hacerme creer que algo está en mi mano cuando en la tuya lo dejé. Luego te refugias en tu cueva, tras la cara que tengo que dar por ti. Te excuso con mentiras que tu me ayudas a confeccionar torpemente, poniendo tics en mis gestos, colores en mis mejillas, lágrimas en mis ojos cuando ya nadie ve. Eres listo en lo sutil, pero dudo si lo haces por mi bien. Fuiste concebido para problemas que se inventan y no para los que siempre están. Eres perezoso con lo que quiero aprender pero te grabaste los siete pecados capitales como días de la semana en calendario. Me haces ser correcta, hermetizarme ante el dolor, sentirme sola en compañía del amor. Pero te pillaré despistado, olvidaré  hacer del pasado mi  presente,  y del presente un futuro. El pasado es un trascrito y el  presente lo que ahora digo. El futuro un artificio para nublarme las formas verbales que ahora utilizo. Empiezo a entenderlo, volveré para explicártelo, por si quieres escucharme. Y cuando me quieras hacer ver que todo lo que te susurro es una martingala, repasaré lo que ahora escribo, para que leas con mis ojos prestados, lo que mis oídos quieren escuchar y tu no les dices jamás.

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5 comentarios

yolijolie -

probando comentario

suleiman -

No le culpemos, como dice Antonia, pues el cerebro solo cumple su papel, y de el tan pronto parten las ideas más racionales, como las más disparatadas decisiones, en su profundidad se forjan los más inverosímiles cálculos, pero también las mas fabulosas palabras de amor. El cerebro, así a secas, simple víscera surcada por canales y millones de conexiones nerviosas, no deja de sorprendernos continuamente. Dejémosle que haga su trabajo, que su lado emocional nos empuje a las más altas cotas de felicidad, y que su parte racional nos permita continuar nuestro día a día.

antoniaiam -

Yo, por llevar la contraria, voy a defender al cerebro. El sólo hace lo que tiene que hacer y es pensar. No siente ni padece. Son nuestras emociones alteradas las que hacen que, a veces, caiga en círculos viciosos, pensamientos repetitivos o cualquier otra cosa molesta. Sólo funciona, como puede hacerlo cualquier otra parte del cuerpo. Es como echarle la culpa al pulmón de una tos después de fumarmos un cigarrillo. Salud a todos!!

yolijolie -

Qué cierto es lo último que dices. En personas como Vicente Ferrer, Gandhi, entre otros pocos,lo podemos constatar. La voluntad que ponemos en mantener el equilibrio, saber sentir, que también mencionas, son armas generosas pero con una sutil finalidad impositoria que yo misma también uso para mí pero no con total convencimiento ni éxito porque la realidad cambia y con ella la manera de verla, o sentirla.
Que tengas un fantástico día.
Besos Mil!

Xavi -

Maldito órgano inútil!, hay que controlarlo tanto para que no nos arrincone!, hay que impermeabilizarlo para que sólo funcione cuando nosotros creemos que debe funcionar.
Hay que saber sentir, percibir las sensaciones y escucharlas con el corazón, dejando el cerebro a un lado.
Hay que mantener el equilibrio, porque si sientes demasiado, como es el caso,a veces, el maldito cerebro se apodera de ti y no te suelta.
Pero siempre queda el consuelo (siempre tiene que haber uno) que sufrir es vivir!, y quien más sufre es porque vive más intensamente. El precio es caro, pero hace a las personas muy, muy, muy auténticas.
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