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Obra bajo licencia de Creative Commons.
© Yolanda Montesinos L., 2008.
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
Bienvenido mes de diciembre. Eres el último porque el calendario cristiano así lo quiso. Cuando pienso en el tiempo y cómo en él se van escribiendo los acontecimientos fantaseo con cambiarlo. Desearía poder saltar, moverme por él como por el espacio, conseguir el avión que haga volar los minutos en el hospital y eternizar las horas de pasión caminando con él. No me cabe más que utilizar mi materia gris para despistar la cronología del tiempo, para creerme que solo cabe cerrar los ojos y respirar hondo para convertir una noche de vigilia en un reparador descanso y apretar fuerte la mano que te ayuda para sentir que lo hace eternamente. El tiempo me da a cambio lo que necesito para cicatrizar heridas, esas que no se cerrarían si lo manipulase a mi antojo. Y me pregunto cuánto tiempo viviría si pudiera recortar el que me entorpece, y cuánto aprendería si todo el que dejo es de disfrute y alegría. La respuesta sólo la tiene él, ingrediente base de todas las historias que se van enclavando en su puntual minutero. Pero no me limita, no me impone, no me obliga. Se deja escribir, olvidar, prefiere ser vivido a mirado, y lo sé porque lentece subjetivamente sus manecillas cuando aburrido nos parece, y cobran vida cuando desearíamos tenerlo en más cantidad. Pero en silencio, cuando todos duermen y yo estoy despierta, me guiña el ojo, y me dice que hoy, y por ser yo, me va a regalar esos minutos que di por perdidos esperando lo que nunca llegó, y se queda conmigo dándome paz y tranquilidad, ayudándome a hacer eternos minutos de 60 segundos.
10 euros cuesta subirse a una atracción de feria en la que unos arneses se sujetan a tus caderas y a tensas cuerdas elásticas que te propulsan como un tirachinas para que contemples mareado la ciudad durante los escasos segundos que dura la ingravidez del lanzamiento. 35 euros me ha costado subirme a otro invento con menos atracción, que vuela por encima de las nubes durante 3 horas y sin proporcionarme otro mareo que el de no perder detalle alguno de tan indescriptible paisaje:
Mi querida Montserrat…
Y a medida que toma altitud, la madre naturaleza se hace pequeña a mis pies, soy yo la que está por encima, y no me extraña que la fe cristiana mande al cielo a los buenos, porque esto realmente es divino…
Imagino el movimiento de la ciudad, las prisas, los atascos, una mujer que llora, un anciano que fallece, una pareja que se desvirga , otros que ríen, otros que miran al cielo y se percatan de este avión y lo insignificante que se ve, y todos ellos concentrados en un único punto de luz, como una estrella que modesta brilla perenne en el firmamento. Y miro hacia arriba, por encima del cielo, la mesosfera azul marino por no tener casi oxígeno y veo a otro avión que se cruza, del tamaño de un mosquito, inapreciable. Qué pequeños somos con lo grande que nos creemos. Las congeladas gotas de la ventana me devuelven al avión. Estamos a menos 30 º de temperatura, un loco que abriera la compuerta y todos tiesos. Miro a mi alrededor, todos se ven normales, el que menos quizá yo por no ponerme a dormir o a leer.
(to be continued..)
http://www.flickr.com/photos/yolijolie/show/
Tengo una fisura que me hace ver las estrellas de día. Un dolor tan grande que me hace recurrir a esta ensoñada frase. Miro mi váter altivamente cuando no tengo necesidad de él, y luego le pido perdón por mi soberbia, cuando frío y duro, aguanta mi estado de sumisión, pidiéndole que por favor me ayude a pasar rápido el mal trago, el mío metafórico, el suyo literal. No soy escatológica, pero necesito escribir de lo que me duele, y esto lo hace y mucho. Me estreñí en Escocia, “Vengo de Escocia escocía” decía, frase que me repito cada vez que el firmamento entero me acompaña al lavabo. Es el único mal menor que me he traído de allí. Pero entonces era un problema anecdótico no fisiológico. A esta dislexia la llamo yo predisposición: cuando uno quiere disfrutar, lo hace. Esa llovizna continua aquí me fastidiaría, esos cortos días que dan paso al reclutamiento casero a la hora del café no los quiero para mi, ese sol tímido que no levanta cabeza me entristecería, y ese frío que cala me agarrotaría. Pero allí todo era perfecto, un cuadro en completa armonía. Brochazos de pintura que no podían ser de otra manera. Colores inventados para dibujar el paisaje escocés. Y todo dejo que me asombre, y disfruto, abriendo los pulmones a ese alo de sensaciones que me quiero traer, lo único que no tiene precio en un viaje, lo que realmente cuido cuando salgo fuera. Y es por eso que dormí no tan bien, reclutada en literas de 12, sumida en un concierto de ronquidos que parecían culminar en uno único y continuo. Mi rechazo al aburrimiento, me hacía recurrir a pensamientos que dispersaran lo ruin de la situación: 11 tíos y yo, en un cuarto de reducida dimensión, aglutinados como sardinas, compartiendo el mismo dióxido de carbono concentrado en tan calefactada habitación. El aire pesa, te aplasta contra la cama, pero alguno se levantaría si yo empezase de repente a gemir, idioma universal que seguro entenderían a la primera, acompañándolo de movimientos corporales sensualmente estudiados. Acabaría encendiendo la luz, y me despelotaría haciéndome la guiri borracha que sabe sin saber lo que se hace. Observaría entonces la reacción de cada uno de ellos, viendo como emigran repentinamente a una realidad que sus disfraces de turistas que pagan por dormir en una habitación compartida no les da pie a imaginar: una tía con tetas y culo y aspecto contemplativo, permanece tumbada a sus pies, con la cabeza a la altura de sus genitales! Pero en aquel dormitorio ninguno sabe que existo. Me acuesto cuando ya duermen y me levanto antes que nadie. Me ducho, visto, acicalo, recojo y marcho todo en penumbra, con la duda de si acabo despertando a alguien, que con ganas de recobrar de nuevo el sueño, imagina, viéndome entre tinieblas, cosas que nunca pasarán. Pero acababa durmiendo, y me sentía acompañada, de eso no hay duda. Un nuevo día empezaba, una ciudad por descubrir, y una tarea matutina pendiente: hacer de vientre.
Esta noche es Noche Buena y mañana Navidad, saca la bota Maríaaaaa...
En los pisos de ahora, similares a los establos de entonces por lo menos en lo que respecta a dimensión (cada cual que lo limpie cuando quiera), mientras mandas a María a por vino tú ya has ido. Cancioncilla ésta la de cada año de irrefutable letra machista. Debería abolirse este canturreo que nos persigue estos días. No es canción que implante alegría en buena sintonía con la familia, pero podría ser utilizada exclusivamente con aquella sobrina-cuñada-tía progre-feminista-superguay que tanto odias y que ves más de lo que aún quisieras.De utilizarlo para tal fin, sugiero completar el repertorio dedicado, siempre acompañado con mirada punzante que quisiera sacarle los ojos, con las siguientes estrofas de reiteradas llamadas a María (¿estructuradas en su día con el intento de hacer que la pobre mujer no cesara en sus obligaciones?): "María, María, ven acá corriendo, que el chocolatillo se lo están comiendo”, “Y si quieres comprar pan más blanco que la azucena en el portal de Belén la Virgen es panadera” y por último “A esta puerta hemos llegado cuatrocientos en cuadrilla si quieres que nos sentemos saca cuatrocientas sillas”.
…que me voy a emborrachaaaaaar (...)
cantar esto a pulmón a tu hijo, con anisete del Mono en mano y cucharilla de postre raspándola emulando no se sabe aún que instrumento, incita a normalizar una acción etílica que lejos está la sociedad de quererlo aceptar. Podríamos remediar el mal acierto de la confección de este provocador villancico, con un final resolutorio, diciendo, "niños no bebáis, esto es broma, no bebáaaaais…" pero no, porque prosigue:” Ya vienen los Reyes por aquel camino, ya le traen al Niño sopitas con vino”. Sugiero en este caso, añadir lo de “En mi casa hay dos vecinos, un marido y su mujer, y aunque no sea Nochebuena también montan su 'belén'...", para que el niño vea lo poco católico que anda el padre de familia y lo lejos de la connotación religiosa con la que inicialmente fueron concebidas dichas cancioncillas.
"En el portal de Belén gitanitos han entrado y al Niñito de María los pañales le han robado".
Xenófobo. El que se anime a plantarse en el rellano para cantársela al vecino,se expone a no saber qué invitados asomarán la cabeza tras su puerta.Puede que solo se ría el niño de ver a su padre de nuevo haciendo el imbécil.
Rima asonante bonita donde las haya: "En el portal de Belén hacen Luna los pastores para calentar al niño que ha nacido entre las flores". Pero no me cuadra con la de : "Ay del chiquirritín chiquirriquitín metidito entre pajas, ay del chiquitirrín queridín, queridito del alma" ¿qué significa? ¿Soy yo una mente calienturienta? Mirando el repertorio, me declino a que el boca a boca va distorsionando las letras originales, porque otras como “ Esta noche nace el Niño y no tengo qué llevarle, le llevo mi corazón, que le sirva de pañales” llevan de poético lo que yo de religiosa. Lo mismo sucedería con "En el Portal de Belén hay una granada hermosa que la pintó San José con su mano poderosa" y que sigue con: "Ya se ha abierto la granada, ya ha salido el sol divino para casarse con rosa, Santo Domingo el padrino". Yo definitivamente confeccionaría un pupurri Light que dijese: "La granada abierta, el sol que sale, y la mano de José poderosa, me están poniendo nerviosa!"
Y por úlitmo, mi más bonito hallazgo, este que dice: "Fíjate qué rubia, mira qué morena,¡ay, qué buena noche que es la Nochebuena!"
Fueron los ángeles del Belén promotores del piropo del andamio? http://corazones.org/biblia_y_liturgia/temporadas/adviento_navidad/canciones%20.htm (villancico En el Portal de Belén)
El Ave María del Bisbal o el Así es María de Ricky Martin serían buena solución ante tal concierto mal estructurado y sin sentido al que recurrimos estos días por aquello de la Navidad.
Un portátil de banda ancha. Entonces la eterna pregunta sobre qué me llevaría a una isla desierta debería puntualizarse: a una isla, desierta por poco tiempo. Con Internet todo es posible de cambiar. No quiero escribir lo que ya está escrito sobre él, pero quiero recordarme que puede llegar a serlo todo. Todo. Cuatro cosas contadas sabemos de la materia gris de la que estamos formados. Un milagro de la naturaleza con el que el hombre inventa lo imaginado y se recrea en lo extraordinario: que se le escape de las manos algo que hizo con ellas. La era terciaria, la era cuaternaria y la era Internaria. Quiero ser pitonisa, predicar lo que ahora parece irreal y que luego será irrisorio. La sociedad conocida como tal se extinguirá. La gente desarrollará falanges largas y ágiles, mutaremos a tener un dedo más por mano. Los ojos se achicaran, y los problemas de hipermetropía se erradicarán. Desarrollaremos callosidad en el culo, ya no será lo primero que miremos del sexo opuesto, y la espalda de nuevo se curvará, por lo menos la de mis descendientes. Los cinco sentidos serán dos: la vista y el oído. El tacto será don de unos pocos. Fisiológicamente la evolución nos adaptará a vivir frente a la pantalla. El caos inicial se reglará mediante la madre naturaleza y su hermana la tecnológica, fusionadas para ser una. Romperemos con lo que ya no convence como lo hacemos con la pareja que ya no funciona. Adiós a la televisión por cable, por tierra y por aire, a la impuesta globalización, a los injustos Tribunales de Justicia, a los estamentos de relleno y su representación sin representados, a los principios sin fines, a la democracia sin nombres, a los desacreditados profesionales con carrera, al marketing, la publicidad y la sutileza rimbombante: a la opacidad de lo que está claro. La manipulación será una anécdota del pasado y la democracia no será un mero artículo de la Constitución. El diccionario adoptará acepciones nuevas de palabras viejas: subir, colgar, bajar… y se dará paso a un idioma universal, fruto de la necesidad de comunicación global sin fronteras. Entonces las minorías serán enormes, y los grandes se harán pequeños. Los problemas de verdad agitarán la tierra con un nueve en la escala de Richter, bajo el terremoto que los ha hecho crecer: Internet.
Me tiemblan las letras, éstas que se atreven a viajar hasta tu ordenador y las que se quedarán por escribir, que por vergonzosas no veré salir. Conocí la luz de tu discografía en algo más de 12 segundos gracias a la piratería. Acudí con sed de ti al Principal de Zaragoza y al Palau en Barcelona. Finalmente pagué el precio de tu arte cuando ya era incalculable y ahora dejo que lo copien los que están aún por venir. Enviarte mi más ferviente muestra de afecto. Un beso en tus esculpidoras manos que moldean melodías impacientes por nacer y gratitud inmensa por tu sabia manera de hacer que vea a través de tu boca. Me sumo al colectivo que se consuela, siente, crece, se alegra, se enamora, se sorprende, vive, con tu música, imposible ya de lograr sin tu existencia.
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