Cada día hago menos y soy más

Mi vergüenza, prima hermana de mi risa nerviosa, se apodera de mí en cualquier momento. Es curioso que esto que tanto me molesta pueda llegar a resultar encantador para el sexo opuesto. Quizá atraigan los puntos débiles, y si es así, e instintivamente lo sé, pues si no, no habría llegado a la conclusión de que esto gusta, puede que no quiera dejar de serlo para no dejar de gustar aunque sepa lo jodidamente mal que lo paso cuando me pongo colorada. O quizá sea una conducta que he desarrollado para gustar sin saberlo. Soy lo que quieren que sea a este nivel también y aún siendo consciente no lo evito. Qué retraso llevo en mi evolución… Echo mano al bolsillo y rescato mi móvil: dos llamadas perdidas de número oculto y media hora menos en mi reloj. Decido acomodarme, esta vez sin importarme ya nada, y comienzo a escribir lo que ahora cuento. Me siento bien. No paro más que de hacer cosas que me apetecen y dejo de hacer las que no. Cada día hago menos y soy más.


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El Rastrillo

Un paseo mmuy ameno ya es un clásico para mí Me estoy volviendo loca (del todo) leyéndolo Un gustazo para la vista y el alma El actor y el ritmo de la peli, estupendos Brevísimos refrescantes relatos 80 minutos de conversación en tiempo real en un suspiro la vivencia con la prostituta me ha hecho reír Meryl Streep, entregada al papel y en el personaje Menudos pelotazos de coñac se meten durante toda la peli.Un caramelo de obra maestra maravillosa la susurrante voz en off, la estética fílmica estupenda estoy leyendo ahora sin poder dejar de hacerlo pero dejándolo para más adelante El azar como vehículo maravilloso de la vida Historias cruzadas bajo la magia de lo humano de personas extraordinariamente sencillas Interpretación fantástica bajo un guión exquisito Una caja china que fascina, por su surrealismo más real tornado surreal cuanto más real parece les miserables Un gusto con mucho tacto para la vista muy amena la mejor entre las mejores de Woody Deseando amar: bella poesía audiovisual El tiempo se enlentece hasta acomodarse a un ritmo real que perdura todo el film. Papeles nada sobreactuados. La crudeza de unos personajes con sensibilidad contenida que traspasa al espectador el nudo emocional de sus vidas. Magnífica dirección e intrepretación Dos mujeres en Praga: La coincidencia más imposible se hace realidad con hechos ficticios que poco importa que lo sean porque así lo consigue Millás El Abuelo: La ironía, humor y sensibilidad de Galdós llevada al cine de la mano de Fernán Gómez. Un cuento de hadas muy dulce y delicado. Banda sonora deliciosa (Rachel Portman) Old boy: Los aires de venganza que se respiran en todo el film son tratados con exquisitez absoluta.Impactante visual y musicalmente. El mundo: Biografía novelada. Para volver a leer una y otra vez. Escondido (Cache): Nada ocurre en la aparente normalidad de esta familia hasta que son grabados. Intriga . Te invita a reflexionar con su perplejo final . Luna de avellaneda: retrato de la realidad argentina contada a través de las vidas de sus protagonistas, que establecen un entramado de relaciones intensas y dispares. El momento de la barca me cautivó. Más extraño que la ficcion: original y sorprenderte argumento. Divertida y optimista en su contenido. Rste. Shalimar. C/Carme,71, Barcelona (Metro Liceu): comida hindú exquisita. Ambiente familiar.Excelente el trato de los hermanos que lo regentan. Manuale d'amore: agradable disección del amor de pareja. Nada que ver con la 2ª parte que me resultó muy floja Delitos y faltas: imprescindible.No tiene por qué gustarte Allen para fascinarte Quién dice que es fácil: comedia ligera que coge peso con un siempre verborreico Peretti. Caótica ana: caótico Medem Lío en río: divertida comida que inesperádamente me arrancó varias carcajadas

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Obra bajo licencia de Creative Commons.

© Yolanda Montesinos L., 2008.

Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Resumen

En el bus

Me acerco a la parada de bus con el sigilo de quien entra a un cuarto en el que duermen. No quiero que me dejen asiento por estar embarazada y tras mi aproximación cautelosa permanezco de pie tras la marquesina. A los pocos minutos empiezo a tomar conciencia de la rigidez de mi cuello: un abultado bolso recién estrenado tira de mi trapecio izquierdo sin compasión. Lo quiero grande- le decía a la vendedora de la tienda. Me lo probaba y acto seguido exclamaba- ¡Buf, Pero qué grande que es! Es que no estoy acostumbrada y claro, no me sé ver…. ¿Otro como éste de grande, me lo podría enseñar?


Últimamente mis compras responden a la voluntad de cubrir las necesidades más abstractas de mi inminente maternidad, entendida como un desdoblamiento de mi persona que requiere ser abastecida con objetos que me resultan totalmente imprescindibles y que quizá nunca llegue a usar. Paula es alguien a quien nunca antes ví y que siento conocer de siempre.

Mientras busco la tarjeta de bus repaso a tientas estas cosas todavía innecesarias: una libreta de despejadas hojas donde anotar cosas que tengan que ver con ella, un bolígrafo escogido bajo el criterio de su imaginado gusto, colonia de fragancia fresca que intuyo le agradará, llavero de suave tacto al que gustará estrujar, y un sinfín de artilugios más que ocupan sin vacilar mi, cada vez más pequeño, bolso nuevo.


Desde la parada una voz masculina me llama:

-¡Yolanda, ven y siéntate!

-¡Hombre Pedro!, ¿qué tal? No,no, de veras estoy bien así, gracias.

-Es una orden, Yolanda. Íker- exclama a su hijo que a duras penas puede sentarse por la carteraza que lleva colgando de la espalda. En su caso es doblamiento de persona y es del todo literal. Me sonrío por el juego de palabras que se da en mi aburrida espera mientras su padre le ordena que me deje sitio. El niño obediente se echa hacia un lado sin quitar la vista de la consola y mi bolso y yo nos sentamos. Nos tiene a los dos acojonaos con tanta orden, pienso, sin dejar de sonreír. Mis divagaciones simplonas me mantienen callada y decido romper el silencio con poco acierto:


-Pero que grande que está. ¿Cuánto tiempo tiene?

Tiene ya 6 años. Es de los más bajitos de su clase- me sentencia, percatándome de la incongruencia de mi cuestión. Decido callarme hasta nueva orden, y me vuelvo a sonreír por la estupidez que llevo en mi cabeza, por lo visto aumentada todo lo que el niño no ha crecido, me digo, asombrándome de la facilidad con la que la tontería se sigue apoderando de mí.

-¡Hacemos una buena media!- le exclamo sin saber.-Quiero decir que…- intento pensar en décimas lo que ya no tiene sentido-todo lo que tú te has adelgazado lo he ganado yo! Es que me he puesto enorme.

Le acabo de recordar que aún me acuerdo de lo que él desea olvidar, acompañado de una sonrisa que no me cabría ni en mi bolso nuevo.


Por fin viene el autobús y como era de prever nos dispone a su hijo y a mí en los asientos pertinentes. Una antigua compañera de clase me reconoce y me saluda por mi nombre. Yo no atino con el suyo, y decido remontar mi desventaja sin arriesgar:

-Qué tal, muchacha!,¿al cole?-le interpelo mirando a un pequeño que se agarra de su brazo.

-Sí, lo llevo a  l’Escalada. Me pilla más lejos que el Lola Anglada, pero es que nuestro antiguo colegio ya no es lo que era. ¿Y tú que estás, embarazada?

-No…-le responde Pedro con una ceja medio arqueada.


La nueva interlocutora presenta síntomas de idiotez similares a los míos y eso me tranquiliza. Pedro ya puede asociarlo a algo propio de una edad, un estado, o, por qué no, unos estudios básicos impartidos en cierto centro. Pero poco dura su hipotético trabajo de campo porque la madre-amiga de la infancia se baja en la siguiente y mi conocido y yo volvemos a quedarnos solos.


El sol de las 3 entra por una de las ventanas y relaja todos mis músculos faciales. El traqueteo del bus nos mece a Paula y a mí y decidimos relajarnos lo que queda de trayecto. Estamos a gusto pese a tener a un metro al que manipula nuestra mente y nos hace decir tonterías que poco tienen que ver con la reflexiva conversación que mi desdoblado ser y yo llevábamos antes de llegar a la parada.

-¿Estás bien, Yolanda?

¿Será esta línea de bus lo que atonta a las personas?

-Sí, sí, estoy bien, Pedro, de fábula aquí con el solecito este que entra. ¿Y tú?


Me explica entonces los problemas que conlleva la escasez de tiempo en la paternidad y lo escucho sin interrupción desde mi soleado asiento.

-Como en diez minutos para poderlo acompañar hasta la escuela. Vamos en autobús porque lo quiero escuchar sin tener que estar por nada más. Intento sacar tiempo de donde no lo hay porque sé que luego es tarde para recuperar lo perdido y no puede haber mayor castigo que ese.  


Llegados a su destino, pone en pie a su hijo mientras le sustrae el videojuego de sus entrenados pulgares y le obliga a darme un beso de despedida. Aún con la suavidad de su fresca mejilla en la mía y el recuerdo vivo de la conmovedora declaración de su padre, soy protagonista de algo del todo desconcertante: sus grandes manos agarran mi cara para plantarme un eterno beso en mis comprimidas mejillas, pero un frenazo improvisto hace que su desprevenido gesto acabe sobre mis estrujados labios.


Agarro mi socorrida libreta nueva para darle un uso del todo inesperado, y comienzo a escribir lo que ahora trascribo.

05/11/2007 10:31. Autor: yolijolie. Enlace directo del texto. Tema: OLFATO Hay 8 comentarios.

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